Sombras refractarias.





Las sombras son caprichosamente reiterativas, nunca sin la luz, siempre junto a ella, a expensa de ella, como los peces piloto, esos que viven acomodados junto a un pez que cientuplica su tamaño a cambio de limpiarle de parásitos. Las sombras no son más que una confusión, un juego de equilibrios, de poder. 

Cuando estas manchas gestionan el horizonte al atardecer, pareciera que una gran puerta astral se abriese y de ella, escupidos saliesen cientos de criaturas que angustiosamente necesitasen llegar al otro lado en una carrera agónica casi mortal. 

Las sombras. Nosotros mismos somos sombras, manchas, perfiles, emulsiones en el papel de plata, reacciones químicas.

YO NO QUIERO MÁS LUZ QUE TU CUERPO ANTE EL MÍO
...
Yo no quiero más luz que tu sombra dorada

donde brotan anillos de una hierba sombría.

En mi sangre, fielmente por tu cuerpo abrasada,
para siempre es de noche: para siempre es de día.


Miguel Hernández.

Fotografías A. Morales