Cuenta la leyenda que hacia el 1456 a.C. ...







"Una fascinante teoría, indica que la isla Atlántida se encontraría en el Mediterráneo Oriental, precisamente en el archipiélago de las islas Cícladas, en un área hoy ocupada por la isla de Santorini.

Que Santorini es todo lo que queda de una isla mucho más grande, destruida en una catastrófica explosión, se sabe desde hace tiempo: de la antigua Thera erupcionaron cerca de 18 kms. de lava y su explosión no dejó más que un gran espesor de roca arenosa. Solo en los años setenta, el método del radiocarbono permitió fechar, con un margen de error mínimo, un trono que se encontró sepultado en las cenizas volcánicas: la erupción debió ser alrededor del año 1456 a.c.

La hipótesis más convincente es que la destrucción de Thera, base naval del imperio minoico, se debió a una serie de maremotos que prosiguieron al evento volcánico, los que hicieron desaparecer gradualmente esa civilización y su supremacía en el Mediterráneo, trayendo como consecuencia el protagonismo de Micenas. 

La explosión del volcán habría dado origen al mito de Jasón y del Minotauro, a las narraciones de Platón y a aquellas de la Biblia.

Lo que si es seguro es que el misterio de una isla desaparecida generará una fascinación e interés único en la humanidad.

Es justo que el hombre, mirando el océano, piense en un lejano reino, en un día y en una noche del agua y del fuego, en el orgulloso sueño de una eternidad quebrada por el despertar de la naturaleza".

Si hoy te asomas a la mediterránea balconada de la ciudad Fira en la Isla de Santorini, contemplas un enorme mar azul, calmado y lleno de matices que hacen aún más bello si cabe este enclave. Si por el contrario, una vez allí subiéramos en globo, podríamos contemplar el perfil de esta isla, para sin mucha ayuda concluir que pareciera como si la isla hubiese sido mucho más grande, casi de una redondez grotesca, aunque hoy solo es visible apenas el 12% de aquel formidable mundo, el resto su caldera central se desvaneció y con él todo lo que contenía.

Santorini y Fira la ciudad más mediterránea de las posibles, recibe el sol y el azul Mar Egeo en cada balcón encalado en una multitud de blancos, añiles, y ocres; pequeños hoteles, bares, terrazas y restaurantes que invitan a los más descabellados sueños. Y en medio del tumulto, los viejos sacerdotes ortodoxos aparecen y desaparecen cuales figuras mecánicas, en un singular reloj que llama al encuentro con su dios.

Fotografías: A. Morales ©