Inspiración, inspiración...
El escritor se agita y no puede parar de girar una y otra vez, gestionando grafías, acentos, dibujando con su pluma escenarios y personajes. Así fue como aquella mujer apareció tras de si, asomándose en aquel pasillo de la vieja biblioteca de Nueva York, como si se hubiese bajado de un tren que viniese de cualquier parte... el escritor no comprendía, pero sabía que allí estaba la historia que tanto buscaba....
Adolfo Morales (c) * New York

