A 60ºN y 29ºE...




Cada año, siguiendo el parsimonioso ritmo astronómico, en algún lugar del Báltico, cerca de  Ahvenanmaa sus lugareños homenajean a la madre naturaleza. La emergida isla de origen volcánico y sus permanentes focos de calor con emanaciones constantes de vapor a muy altas temperaturas, procuran una extraña fusión al  mezclarse con los aires cercanos al Polo Norte. Solo ocurre cuándo el verano comienza a ceder ante el inminente otoño, no hay fechas cerradas, todo depende de los vientos. Este transito provee que una suerte de nubes de minúsculos cristales de agua se disuelvan en instantes dibujando extrañas figuras en el cielo al entrar en contacto con la suave atmósfera. Unos creen ver en ellos a sus divinidades, otros extrañas plantas, incluso geometrías que recuerdan ancestrales símbolos vikingos, las embarazadas buscan en ese atardecer el nombre de sus hijos, los más ancianos dicen ver signos de sabiduría, revelaciones de un futuro que nadie conoce y los más desesperados, los más agradecidos ven en ocasiones a sus antepasados que les sonríen. Cada cual busca en la magia de la naturaleza respuesta a sus fantasmas, mientras a lo largo de la costa grandes tambores de piel de reno cimbrean el aire con su sordo diapasón y su contenida cadencia. A 60ºN y 29ºE, la naturaleza gime, se funde, imagina. Algo parecido sucede en cada pueblo de cualquier región. Los fantasmas, los miedos y los sueños no tienen frontera.

"Para que nada nos separe, que no nos una nada"
Pablo Neruda.


A. Morales (c)