La cigüeña astróloga.


Desde su atalaya, la cigüeña astróloga observa las estrellas y el paso de otras bandadas de aves que irrumpen en el azul que ella gestiona desde no se sabe cuándo. Dicen que está tuerta, que un grano de hielo la golpeó en un ojo, que cayo aturdida y terminó allí arriba y que desde entonces observa el cielo y sus percances. Dicen también que aquel golpe la hizo diferente, que tiene cosas que no parecen de cigüeña, que parece que te mire y te entienda aún siendo ave. La cigüeña astróloga no tiene nombre, entre ellas, las cigüeñas no comprenden ese hastío de los hombres por ponerle nombre a todas las cosas, "ellos creen que lo saben todo" comentan entre ellas. La cigüeña astróloga goza de una excelente reputación en la comarca, a ella acuden todas las que de paso la reconocen y le piden consejo sobre los vientos, las mareas, o el brillo de la luna. Siempre está sola cuándo no comparte sus conocimientos y nunca le falta pequeñas lombrices en su singular nevera allí en lo alto, en su atalaya. La cigüeña astróloga parece que no fuese cigüeña.
A.Morales (C)