Luna
Querida y enigmática Luna, para cuándo tengas tiempo de leer estas líneas, agradeceré tus observaciones a vuelta de correo. Verás, había pensado que si nos ponemos de acuerdo podríamos llegar a establecer un criterio común que satisfaga a ambas partes. Dicho lo cual paso al asunto que me lleva a escribirla, se trata de saber algo más sobre Vd., y al mismo tiempo le ofrezco la oportunidad de hacer lo mismo con mi singular, única y hasta ordinaria sencillez humana. ¿No siente excesiva esta reiterada abstracción que ejerce sobre los humanos?, a ver, si en realidad solo se trata de un gran trozo compacto formado de cientos de otros pequeños trozos compactos venidos a menos por alguna fusión cuyo origen vete a saber cual fue, digámoslo claro de una vez, a ver repita conmigo "solo soy un trozo gordo de mineral muerto que vaga sin descanso alrededor del planeta del agua", y "en el que no reside más misterio que la soledad más ociosa de todas las soledades", y ¿entonces a que viene todo este despliegue, por qué nos parece tan extraordinariamente sugerente, atractiva, y endiabladamente atrayente?.
Apreciada amiga, no puedo evitar la sensación al contemplarla sobre el horizonte, brillante y distante, erguida e inmóvil, de soñarla, imaginarla, casi tocarla, usted allí lejos con su marcianos de broma, sus pisadas de cine, los viejos cachivaches olvidados y esos oscuros objetos de deseo. Al mirarla, sin darme cuenta es lo que me hace constatar que en realidad flotamos en un mar de oscuras densidades, que esto de la tierra además de un accidente no es más que una casualidad, y que nuestra imaginación, o eso que denominamos imaginación, no es más que fusiones de moléculas dentro de un cerebro gris eléctrico que se mueve a impulsos que no atienden a ningún razonamiento. La cordura viene a ser como su lado más oscuro, apenas visible.
Lo dicho, escríbame pronto.
Fotografías: A. Morales (C)
