Insomnes.
El final de la cosecha para unos representa el tan esperado estío de la calma y el sosiego, en donde reencontrarse tal vez detrás de un libro, de unas notas musicales, para otro una interminable secuela de desvaríos. Muchos intentan conciliar un sueño cada vez más difícil de sostener a oscuras agazapado en las sombras combatiendo los fantasmas de los excesos del sol. El verano, el tan esperado verano cada cual lo interpreta a su manera. Paseos, brisas, juegos en el mar, zambullidas oceánicas, viajes, reuniones familiares, celebraciones, tertulias, tantas formas de vivir. Para otros por el contrario, ajenos a la imaginación y a las oportunidades, solo representa un transito, el devenir de lo esperado, la oportunidad, el gesto amable, el guiño que nunca quiso darse. El final de la cosecha es para unos alegría, para otros un sueño.
Para mi, por alguna extraña razón, el estío siempre suena a Nocturnos de Chopin y en un curioso traveling imaginario, la cámara encuadra y se acerca en su viaje virtual, tratando de descubrir quien toca ese piano, tras unas largas cortinas que se mecen tenuemente, en el fondo de algún bosque perdido.
Para mi, por alguna extraña razón, el estío siempre suena a Nocturnos de Chopin y en un curioso traveling imaginario, la cámara encuadra y se acerca en su viaje virtual, tratando de descubrir quien toca ese piano, tras unas largas cortinas que se mecen tenuemente, en el fondo de algún bosque perdido.
Para todos esos otros, los mejores compases.
Fotografía: A. Morales (c) / Modelo:Virginia
.jpg)