La calle, el osario de los pobres.


Si mes buscas en la calle me hallarás, haga frío, calor, llueva, es indiferente, la calle es siempre mi salón de estar, mis ventanas al paisaje urbano, la TDT y el Canal+ gratis de por vida, el seminario de filosofía constante o el festival de teatro más estirao que se conozca. La calle es mi padre, mi madre, mis hermanos, mi antigua novia y mis mejores amigos.  Ahora que todos se han vuelto tan sensibles con el techo, yo refrendo la calle, ahora que estos desmemoriados después de 30 largos años de gobierno en Andalucía despiertan de golpe y creen haber hallado la piedra filosofal del Chavismo andaluz, ahora que estos se olvidaron de cuando trabajaban en consejos de administración de entidades bancarias, y cobraban por estar presentes y se olvidaban de sus principios, ahora después de que en 30 años mucha gente haya estado desamparada de la administración en este asunto del desahucio, ahora vienen con cantos de sirena, que yo aplaudo, aunque tarde, muy tarde, y aún espero que devuelvan aquello que se llevaron por interpretar otro papel, no el "revolusionario" que hoy algunos agitan.  Y digo yo, ¿y la propiedad de esos otros que sangrando los principios más socialistas, las artimañanas del poder, el clientelísmo político, no tienen una, ni dos, sino tres, cuatro o cinco casas por la cara?, a esos también habría que expropiarles, pero para eso si hay que tener huevos, ser socialistas de veras y esa piel muchacho se cotiza en Christie's. Lo dicho, la calle pese a ser el patio de recreo en el que todos estamos, amplio y sin barreras no será el lugar en el que habite la esperanza ni esta generación de desaprensivos, confusos y aturdidos mensajeros de eslóganes, porque a ellos no les faltará ese otro escenario más estándar con ventanas al mar, hilo musical y cocina de dos frigoríficos.

Fotografías A. Morales (c)