Venus del estanque



La Venus del estanque vive asentada entre el verdín del fondo de las fuentes, allí rodeada de sombras que bailan cada vez que un niño se asoma y rebusca para encontrarla, moviendo su dedo haciendo círculos.
Dicen que es sorda como una tapia y que parece una estatua tan quieta en su sofá, en ese salón tan inesperado.
Cada año, suele dejarse ver entre marzo y abril, coronada como una diosa. 
Incluso una paloma náutica la acompaña ejerciendo de aparición divina, algo insólito en los fondos de estanque por otra parte.
La Venus del estanque no hace ruido, no es tóxica, solo devuelve luz cuándo la luz la observa.
Hay tantas fuentes a las que asomarnos, tantas Venus escondidas, tanta magia por descubrir.

Texto y Colagge: A. Morales (c)