Ratzinger.


Tiene razón el contestado escritor, Europa no es la solución es casi el problema. Además de un continente en decadencia, es un espacio en el que el poder se mide en euros y en el que en realidad solo hay una preocupación: doblegar al sur, toda esta mascarada solo encierra una apuesta de dominio y esclavitud. Alemania y los países más lacónicos desean dominar a sus históricos enemigos: Francia, Reino Unido, a través de la supremacía que ejerce con su política económica en el resto de socios. Esto viene de lejos, el orgullo alemán no olvida ni nosotros deberíamos de hacerlo tampoco, la huella nazi ahora no desfila en las calles, se reúne en torres de cristal desde donde acuerdan el paso siguiente. Y mientras al sur, las calles se incendian, los gobiernos tiritan, los indignados se mezclan con los resignados y nadie ve salidas. ¿Y si se descubriese que todo es una maniobra?.

La Iglesia está en sede vacante. Una decisión extraordinaria hizo que este hombre-papa al final emergiese sin hacer ruido, descubriendo al hombre-de fe, sencillo en las formas, capaz de abandonar  la imponente nave en un gesto de humildad lleno de incógnitas. A mi, que no soy Católico, este hombre me llegó a emocionar en estos días de despedidas y cierre de puertas. Curiosamente ningún otro lo hizo, lo que me deja aún más perplejo. 

Mas cerca aún, nuestra España se nos cae a pedazos:

La Corona es devorada por sus hijos, los grandes partidos por sus abonados. Todos los principios están en entredicho, la palabrería, la ofuscación y el odio se ha adueñado de nuestro sentido común. Nadie saber dar una respuesta generosa, abierta, que nos reconcilie, muy al contrario crece la insolidaridad y todos esos fundamentos de cómo ser el mejor para vivir con los primeros de la clase ahora se antojan crueles premisas de una sociedad que se ahoga en su miseria.

Los colegios no enseñan solidaridad, muy al contrario, se disputa el liderazgo, y al final, esos líderes no lo son, ni creen en ellos, en cambio determinan los grupos de aptos y no aptos, listos y tontos, gente con futuro y desheredados, en una selección casi fascista.

Vosotros los que lideráis esto, nos ofrecéis ahora esta clase de basura que terminará ahogándonos, vosotros como Europa, La Iglesia, la Corona o los Partidos Políticos estáis escribiendo las últimas páginas del último libro de una sociedad que hace años murió, solo queda el reflejo de algo que ya no existe.
Los signos son tan extraordinarios que solo presagian el final de una civilización por lo que todos debemos darnos la oportunidad de cambiar. 

Por eso, la renuncia de Ratzinger en si misma es una lección, una llave, una salida de socorro.





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