La Luna de Octubre (VII)
VII
Todo aquel arsenal de datos no hacían más que apuntar en una sola
dirección. Realmente aquellos hechos aislados, que aparecían en la prensa de
tarde en tarde, casos que se registraban como fenómenos inusuales, extraños o
que simplemente provenían de la imaginación de sus actores ocasionales parecían
guardar una relación entre ellos. El profesor Cusack ya se lo advirtió a
Eugene, “la prensa se encargará de filtrar cualquier descubrimiento, todo
quedará oculto bajo una capa de aspecto inocente”, cuándo hablaban sobre sus
misteriosas anotaciones. Aquellas palabras no le sorprendieron entonces, ahora
le sobrecogían.
Eugene recuperó la llamada en su teléfono y pulsó el icono verde. El móvil
esperó un par de segundos antes de conectar. Seis tonos y la voz de
operador le advertía de que el número estaba fuera de cobertura. Volvió a
repetir la secuencia dos veces más, finalmente cortó la llamada y volvió a la
cama dónde el acertijo de noticias delirantes hablaban de un modo u otro de la
posibilidad de viajar en el tiempo o algo parecido. Lo que no entendía que era
toda aquella suerte de recortes de anuncios necrológicos. Diligentemente agrupó
aquellas esquelas y buscó la relación. Al cabo de unos instantes, Eugene se
estremeció. Todas aquellas personas testigos o informantes de los supuestos fenómenos habían muerto poco tiempo después.
Inesperadamente su móvil se activó, era Brunello.
-¿Qué es todo esto, qué significan estos recortes?, si pretendías burlarte
de mi lo has conseguido, estoy francamente desconcertada.
-No puedo hablar mucho más, te lo explicaré más tarde, reúnete conmigo en la iglesia de San Pedro alrededor de las
once de esta noche, junto a la escalinata de la fachada, procura pasar
inadvertida. No deben relacionarte conmigo. Ahora destruye todos esos papeles, los
originales están a buen recaudo en una caja de seguridad en Roma. Confía en mi.
Bep..bep..bep….
-Brunell...?
-Brunell...?
Angustiada y nerviosa, se prestó a cumplir con lo indicado por
Brunello, reuniendo abrumada y confusa todos los recortes. Un manojo
de papeles que acumuló entre sus manos y apretó en su pecho mientras se hacía
de la papelera de metal dirigiéndose a la terraza. Atropelladamente buscó un encendedor en su bolso, después muy agitada abrió la
maleta y trató de encontrar el “neceser”. Extrajo el pequeño bote de acetona que usaba para desmaquillar la pintura de las uñas, y lo vertió generosamente. Finalmente tomó un trozo de papel que usó de mecha. La papelera prendió acompañándose de una llama generosa que
inmediatamente se contuvo, dejando al cabo de unos minutos carbonizados todos aquellos papeles. Su corazón estaba a punto de estallarle. Vertió
en la copa más vino y se quedó inmóvil por unos instantes tratando de pensar en
todo aquello, tratando de encajar aquel golpe inesperado. No sabía por qué, pero por unos segundos volvió a las playas de Saint Michel.Continuará....
---> LA LUNA DE OCTUBRE
