Feliz Navidad



Alguna vez fuimos niños, y probablemente todos hayamos tenido algún desliz con los Reyes de Oriente o con ese regordete Papá Noël, y aunque ahora se nos antojen mil y un adjetivos, estas fiestas sobre todo pertenecen a los niños, a los de hoy. Tienen todo el derecho a montar en camello o helarse de frío vestidos de rojo. No seré yo el mejor ejemplo de continuísta en esto de la Navidad, pero todos deberíamos tener la posibilidad de ejercer la libertad de expresarnos sin sentir vergüenza o rechazo, y sin necesidad de justificaciones ni más explicaciones. Algunos se empeñan en sacralizarlo todo incluso lo más banal, otros en el punto más dispar intoxicando de ruido el mantenimiento de  costumbres que abundan más en la sana imaginación que en principios dogmáticos, en donde los niños vuelven a ser sus protagonistas esenciales. Frente a todos los sectarios que ejercen su particular empuje, yo que no soy creyente, pondré en mi casa un símbolo que me concilie con esa parte infantil que me acerca a la Navidad más blanca, sea mula, hombre de rojo o estrella. En mi navidad caben todas las formulas, ninguna está de más ni de menos. Y aunque no estarán todos los que siempre estuvieron alguna vez, tal vez solo ese guiño sea suficiente, y nos de energía para saber dar valor a los escasos momentos en los que todos volvemos a compartir mesa y mantel, con nuestras virtudes y defectos de los que ninguno estamos carentes de saldo. Feliz Navidad para vosotros y vuestras familias. Adolfo.