Tenerife si luz ni taquígrafos.
Muy al sur hay un lugar, que usa como gama cromática la diversidad de azules y blancos Manríque y como lienzo el negro material exclamado desde el corazón de la tierra. En el pasado territorio de avanzados africanos, conquistadores y piratas. Hoy por desgracia es presa de la depredación que atiende a casuales viajeros, y son pocos los espacios ajenos a esta desertización de lo natural, esencia de viejos antecesores, de viejos paisajes. Tenerife se ha convertido en un changarro al servicio de la hostelería más agresiva, al tiempo que los sencillos Canarios, ex agricultores y ex pescadores se dispersan en una geografía muy complicada y abrupta que debe hacer muy divicil envejecer. Gente encantadoramente sencilla y amable que por otra parte sigue enamorada de su horizonte.
Mi corazón está más cerca del frustrado explorador que del angloalemán de turno que usa la isla como un patio de recreo en donde disfrutar de un excelente servicio por pocos euros. Costó, costó oír el rubor de los dulces coros isleños, incluso costó ver sus trajes típicos, sus bordados, sus pañuelos y sus gorros. Costó sentir el espíritu de la isla, casi diría que costaba oír hablar en español o siquiera en canario, ese formidable "mi niño".
Solo un Conejo al Salmorejo y el sabor de un blanco "Suerte del Marquéz", en la Casa del Vino de El Sauzal, entre otros momentos, nos devolvieron al sabor que buscábamos y nos aislaron del peso de un aire denso y pesado, extremadamente húmedo, a veces irrespirable, casi insoportable, gracias a la brisa que baña al norte más fresca y menos sofocantes por lo general, salvo excepciones.
Mi corazón está más cerca del frustrado explorador que del angloalemán de turno que usa la isla como un patio de recreo en donde disfrutar de un excelente servicio por pocos euros. Costó, costó oír el rubor de los dulces coros isleños, incluso costó ver sus trajes típicos, sus bordados, sus pañuelos y sus gorros. Costó sentir el espíritu de la isla, casi diría que costaba oír hablar en español o siquiera en canario, ese formidable "mi niño".
Solo un Conejo al Salmorejo y el sabor de un blanco "Suerte del Marquéz", en la Casa del Vino de El Sauzal, entre otros momentos, nos devolvieron al sabor que buscábamos y nos aislaron del peso de un aire denso y pesado, extremadamente húmedo, a veces irrespirable, casi insoportable, gracias a la brisa que baña al norte más fresca y menos sofocantes por lo general, salvo excepciones.
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