Escribir.


Siempre que imagino como debería ser el momento que un escritor elige para enredar sus palabras, con los giros de su pluma en el papel en blanco, suena un piano, una veces Chopin, otras Debussy, siempre geniales, veraniegos, plácidos, llenos de sentimientos y recuerdos.


En esa abstracción, mi visión viene a ser como una cámara de vídeo que avanzará por un pasillo, entre balcones luminosos con visillos que revolotean sutilmente mientras voy descubriéndolo apercibido por las notas musicales que lo envuelven, hasta encontrarlo allí, en la ultima estancia de esa casa imaginada, sentado de espaldas, con su pluma y su papel en blanco, recordando, soñando, muriendo un poco en cada punto y aparte, en cada respiración.


Escribir es como hacer testamento, sabes que cada capítulo es en cierto modo, una declaración de principios, un resumen, un decir adiós.

Si alguna vez escribo ese libro, me encargaré de que no deje de sonar ese piano.