Brezos y abejas, la calma imprescindible.
Si eres capaz de contener la ordinaria irrupción, con la que habitualmente ocupamos cualquier espacio natural, esgrimiendo algún tipo de derecho natural que nos otorga esa magnifica desfachatez con la que solemos acampar nuestras posaderas en cualquier espacio. Si eres capaz de dejar de oírte y por el contrario en silencio admirar cuanto sucede a tu alrededor, serás posible que seas testigo de las mil y una peripecias con las que la naturaleza nos regala a diario, anónimamente. Oír el rumor de la naturaleza ajena al hombre civilizado, es en ocasiones encontrar la calma imprescindible, coño que me voy al campo.
Fotografías: A. Morales (C)


