Abuelos


Aquel fin de semana en Fort Bragg, California, fue toda una experiencia. 
Mi extraordinario abuelo, era un hombre tan divertido como ingenioso, con un corazón rebosante de vitalidad, todo energía. Hacía siete años que enviudó. Mi entrañable abuela Meri, sufrió un infarto mientras dormía y no volvió a despertar, se fue sin hacer ruido, una constante en su manera de ser, tan discreta que parecía casi ausente, nunca más la cocina y sus dulces fueron ya lo mismo, ni el orden en la casa, ni las prioridades, sin aquel contrapunto de serenidad que imprimía. Fue por años su compañera inseparable, aunque no todo el tiempo vivieron enamorados, si se mantuvieron juntos, hasta el final de sus días. Mi abuelo liquidó todas sus pertenencias y se trasladó a vivir a la casa de la playa, rodeado de sus viejos libros, sus apuntes y dibujos de aquella naturaleza inhóspita, sus fotos, y su caja mágica como llamaba a su cámara de fotos, a la que con tanto mimo cuidaba.
Ahora la "tía Elisabeth" ocupaba su corazón, y debo reconocer que se les veía felices.
Aquella fresca mañana de Junio, lo encontré especialmente inquieto, estuvo todo el rato haciendo un poco el payaso, quería estar divertido, gesticulaba, sonreía, nos hizo fotos. La playa resultó ser un inmenso escenario para nosotros solos. La naturaleza nos regaló aquel instante, para que el afecto se guardase entre los pliegues de las sabanas de los sueños dulces, como así fue.
Los abuelos callan más de lo que saben, y nosotros unas veces por una causa y otras por otra, apenas le brindamos la oportunidad de que nos cuenten algo de sus pasadas vidas, siempre interesantes dicho sea de paso, tan solo le concedemos la oportunidad de que nos hagan sonreír o que nos estrechen con sus brazos transmitiéndonos el calor de la ternura sin palabras.
Aquella playa estaba llena de misterios que mi abuelo se encargó de descubrirme: las pequeñas flores atrapa insectos, los escarabajos de trompa de elefante, las grandes libélulas rojas que no hacían nada y descansaban en la punta de los dedos si estabas muy quieto, las mareas y la luna, la vida escondida bajo las piedras, la blanca arena suave que se escurría entre las manos, la brisa, los colores del atardecer, tantas cosas...


Original de The Commons

Arriba * A. Morales ejercicio de coloreado.