Café solo, con dos terrones por favor.


- Jamás habría imaginado tomar un café así.
-- ¿Así cómo?. 
- Así.., contigo, así tan.. sensualmente provocadora.
-- Los hombres siempre tan indispensables como elementales, solo hace falta un poco de trasgresión y os volvéis locos.
- Pues si, reconozco que es como dices, lamento no dejar de mirar tus espectaculares terrones de azúcar. 
-- ¿Te gustan?. Hoy quiero hacer de este café, el mejor de toda tu vida.
- Nnnnno tengo palabras la verdad.
-- Siempre que volvemos a Valldemossa, sacamos todo aquello que nos resulta imposible en cualquier otro lugar. ¡Déjate llevar¡, ¡disfruta de tu café y de mis p.....¡.
- No se si podré. Estás preciosa. Arrebatadoramente preciosa. Exuberante. Esa clase que tienes cuándo agitas la cuchara es única y tú mirada, capaz de traspasarme, desarmarme y dejarme a tu capricho, resultan patéticamente indefendibles.

La serena melodía del Nocturno de Chopin, lo devolvió a aquellos otros veranos, y por unos instantes, lo mantuvo felizmente ausente.

--- Señor, ¡señor...¡
--- ¿Tomará algo caballero?.
--  Volviendo en sí, dijo: si, otro café solo, con dos terrones por favor.
--- ¿Otro?.
--  Quiero decir... si, traígame ese café solo, gracias..



Fotografías: highspeedsteels y la red.