El trompetista perfumista.
En ninguna parte y en todas, aquel sonido metálico vibraba con innumerables intentos, alguno de los cuales, se antojaban caprichosamente geniales. Lo cierto es, que en aquel laberinto de calles, el sonido transportaba melodías que te abstraían a tu cotidiano quehacer: a unos los llevaba a los viejos Nigth Clubs de los años 50 de New York, a otros en cambio les recordaba el viejo adagio de Albinoni tan especial y a todos los envolvía en un insospechado déjà Vu. También sin esperarlo, aquella tarde pude observar, en un discreto rincón, que había convertido en su particular sala de conciertos, aquel menudo artista, que cual flautista de Hamelin perfumaba la vida de tantos transeúntes.
Fotografía: A.Morales * Riga 2011
