El río Moon.

Hay melodías y canciones que me da miedo oírlas. Por alguna razón abren puertas que no quiero abrir, y cuando esto ocurre, me envuelvo en una melancolía que no busco, y entonces me siento tan frágil, tan de paso, que todo se vuelve desconsoladamente triste, tanto es así que me enternezco profundamente y apenas soy capaz de contener la emoción.

Lo mismo me ocurre cuando escucho sin pretenderlo, algún programa de radio, postergado a las mañanas, casi madrugadas del sábado, dedicado a nuestros abuelos, en los que dan su opinión, cantan, incluso declaman versos románticos casi infantiles, en los albores de su último aliento.

Reconozco que soy emocionalmente bastante poca cosa, que me da miedo cuando deparo y tomo conciencia de lo que soy, de lo poco que dura esto, de las metas que apenas alcanzo, de mi mediocridad tan sublime, de no saber aún si seré algún día definitivamente feliz. Me da pánico Moon River y su perfecta sintonía, con la que es fácil dejarse transportar, me da miedo despertar de este apacible sueño y descubrirme cano y viejo, esperando el último día. No creo que sea capaz de soportarlo.

Cuándo se estrenó DESAYUNO CON DIAMANTES apenas tenía 5 años, por lo que no supe de la película ni de su banda sonora hasta mucho tiempo después, no pertenece a mi época, pero tal vez por haberla oído tantas veces a nuestros mayores y el efecto que en ellos logró, es por lo que me ocurre todo esto, o tal vez porque habla en un idioma que todo el mundo entiende.

-"¿Conoce usted esos días en los que se ve todo de color rojo
-¿Color rojo? Querrá decir negro.
-No, se puede tener un día negro porque una se engorda o porque ha llovido demasiado, estás triste y nada más. Pero los días rojos son terribles, de repente se tiene miedo y no se sabe por qué. “

Diálogo de Desayuno con Diamantes, dirigida por Blake Edwards, interpretada por Audrey Hepburn como Holly y George Peppard como Paul. Basada en la novela del mismo título de Truman Capote.