¿Y a usted que le importa?.


A veces silenciosamente y de modo sorpresivo, te inunda el desánimo. Aunque sigues mirando a través de los mismos ojos, por los que minutos antes contemplabas la misma realidad, la observación en esta ocasión está vacía de contenidos.

Yo pienso que son pequeños epílogos, anticipos a cuenta, un cambio de estación biológica, la antefirma de una rubrica que marca las estaciones finales.

Algo similar ocurre al observador que se asoma desde el punto más alto, de la montaña más alta, de la cordillera más alta. Allí, en las postrimerías de la naturaleza, la contemplación se hace inusual. Tan es así, que puede llegar a pensar que aunque es testigo de esa vista, no es real lo que observa, incluso llega a dudar de su presencia en aquel punto. Al fin y al cabo, no somos pájaros, ni peces y esas limitaciones confunden al cerebro.

En definitiva, hay días en los que pierdes la noción de la justificación de los argumentos, que  a diario conviven con nosotros, para corroborar que somos humanos y no cualquier especie.

Hoy no me vale cualquier cosa, y comprendo que a usted tampoco. 

Ahora en cualquier hospital, en portales de viejos edificios, entre cartones, en los desvalijados solares, entre carencias o entre ausencias, entre estas y otras limitaciones, ni unos ni otros seremos capaces de al mirar ver lo mismo.

Porque en definitiva, ¿a usted que le importa?.