Berlanga.
Para cuándo en su nuevo estado nos observe, comprenderá que tuvo suerte.
Murió serenamente, “parecía dormir” dijo su hijo, y yo añado “y apuntaba una socarrona sonrisa” como era menester, como era su espíritu: amable, divertido, irónico, inteligente, comprometido.
Se ha ido con el aprecio de todos, o de muchos y ese es un talento solo al alcance de la gente de bien.
Ahora volverán a las pantallas con más fuerza, él y sus fantasmas, una corte de actores casi tan cercanos como familiares, tan cómplices como colegas, con los que sin un pacto previo, compartimos grandes momentos en el cine y casi al mismo tiempo en la vida real.
Feliz vuelo amigo y gracias por tu genialidad.
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