Penélope, con su bolso de piel....
Penélope
No recuerdo muy bien cuándo oí por primera vez esta canción, lo que es seguro es que llover, lo que se dice llover, hace ya un porrón de años. Lo cierto es que por entonces, la iconografía musical, y la corriente cultural que te obliga a intelectualizar a los autores de las melodías, no había aterrizado del todo, y Serrat no era tal a los efectos prácticos. Lo que si ocurría era que aquella canción, su ritmo y su historia, me provocaban cierta desazón, aún cuándo no había motivo alguno para temer nada de nadie, aún así, era triste, hermosamente triste, y hoy, sigue perfumando con aquel aroma. Unas obras inesperadas en el instituto, habilitaron unas aulas temporales en lo que es la actual Alameda Sundheim, y cargado con aquella mochila de infausto recuerdo, cada mañana sin saber como ni porqué, tarareaba aquella melodía. Recuerdo y fue un momento bastante singular, como uno de los compañeros de clase, de los menos cercanos, pero si habitual en el tránsito, me dijo, que a él también le gustaba, y me habló de Serrat y de mil cosas más. Fue tal vez la primera vez, que una canción me abrió una puerta inesperada, y me brindó la oportunidad de comprender que aquellas músicas, servían incluso para tener puntos en común entre desconocidos, una especie de vínculo, algo que indiferentemente nos sustraía de nuestros mundos tan minúsculos.

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