No se si esto es un comienzo...


Lo cierto es que mientras aquella mujer se removía el pelo, charlando amigablemente con aquel desconocido, era observada, -como lo somos todos- por dos chicos que estaban apostados sobre el muro, del monumento a los caballeros ingleses, caídos en la primera gran guerra.
Parece un acto libre y espontáneo, en cambio es un ritual: ropas, color del cabello, miradas, gestos.
En algún lugar, ahora, en este mismo momento se repite la escena, la escenografía y las bambalinas.