Todo es efímero.


La memoria del tiempo pasado, nos dice incansablemente que nada permanece para siempre, que todo es perecedero y finito. Solo tenemos una vida y el reloj no deja de perder granitos de arena.

Estaré el finde en Roma, Piazza Navona, una de las plazas más bonitas de Italia y posiblemente del mundo me debe unas vistas. Nos vemos a la vuelta.