Café Greco. Roma.



Me encanta ir de visita a estos lugares en los que pensadores o artistas, dejan una sombra alargada casi fantasmal, que simulando una foto de larga exposición imprime en el "negativo", la fugaz aparición de un espectro. 

Algo parecido sucede, en estos "templos".  Si bien tomar un café por mantener la historia resulta caro, no por ello es más rentable aún, las sensaciones que produce haber compartido una de aquellas mesas, entre espejos que un día intercambiaron miradas, y el rojo del tapizado que otros, dieran cuenta de los mejores y más deseados traseros que por allí también se pasearon.  Sentarse y mimetizarse, retrocediendo en el tiempo  y creyendo ver por instantes el paso "difuminado" de Listz cargado de partituras, de Casanova rodeado de jóvenes y hermosas mujeres, o al mismo Marconi (inventor de La Radio) que vivía a escasos metros en la misma Via Condotti, y que solía asomarse a contemplar el espectáculo que estos otros "genios" desarrollaban dentro de aquellas paredes.

Esta es parte de su historia:
Café Greco: "El favorito de la Ciudad Eterna"



"Nació el Café Greco en 1760, fundado por un emigrante griego, convirtiéndose en el favorito de artistas extranjeros que vivían y trabajaban en "La Ciudad Eterna".

Sustituía al Café Turco, más antiguo, que había sido frecuentado por personajes librepensadores de peluca empolvada, como Giacomo Casanova, los castrati y muchos clérigos vividores de la corte pontificia. 

Sus espejos fueron testigos de tertulias con el famoso Búfalo Bill y discusiones literarias protagonizadas por Keats o Goethe. En sus veladores de mármol, músicos como Listz, Bizet o Wagner compusieron algunas de sus más destacadas obras.

Ya existía el Café Greco cuando Johannes Joachim Winckelmann, el creador de la Historia del Arte, era asesinado durante la noche por un tal Arcangeli en una posada de Trieste. 


La primera victoria de este establecimiento sobre la barbarie consistió en permitir que se fumase en su interior. Esto atrajo a visitantes como Johann Wolfgang Goethe, quien durante sus estancias del otoño de 1786 y del verano del año siguiente no dejó de acudir al Greco. El pintor inglés Sir Joshua Reynolds también se acercaba al Greco, para fumar en su larga pipa tabaco turco. Una segunda victoria sobre la vulgaridad aconteció durante las guerras napoleónicas, cuando la escasez hizo que los demás locales ofrecieran a sus clientes sucedáneos infectos hechos con achicoria y castañas. En el Greco se siguió sirviendo café del bueno, aunque, eso sí, disminuyendo la dosis en cada taza. Naciendo así el café expresso".

"Yo amo a aquel que desea lo imposible".
Johann Wolfgang Goethe

Fuente: La red.
Fotos 2y 4 A. Morales (c) 2010