Libros, autores y cementerios.


Y al final, en uno de los  estantes, plegado y en reposo, placidamente dispuesto, resueltas las frases, las palabras engarzadas, dibujarán cuentos, imaginaran paisajes, guardarán suspiros y exhalaran expiraciones, de los que hoy ya comprendemos que terminaremos siendo simples fantasmas.
Muchos libros acomodados, pueden ser como un cementerio, sus títulos como los epitafios, y sus palabras como los huesos del difunto que yacen pretérito, preso de la memoria de los vivos.

Fotografía: MC Costo / Biblioteca de Liverpool (c) 2010