Hotel Granada. Continuación...
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NADA ES CASUAL
Sólo imaginar pasar unas horas en la "playa" de la Punta del Sebo, llenaría de jolgorio infantil aquellos momentos previos a las mañanas del sábado o del domingo.
Repleto de niños con gorras, chancletas de goma, y poco más, en un ambiente más que festivo, aquellos autobuses pintados mitad azules y mitad amarillos, con grandes ventanales acristalados, por lo general corridos, permitían pasar de lleno el aire al interior del habitáculo, mientras el aroma destilado de los eucaliptos inundaba de fragancias primaverales el corto viaje.
Repleto de niños con gorras, chancletas de goma, y poco más, en un ambiente más que festivo, aquellos autobuses pintados mitad azules y mitad amarillos, con grandes ventanales acristalados, por lo general corridos, permitían pasar de lleno el aire al interior del habitáculo, mientras el aroma destilado de los eucaliptos inundaba de fragancias primaverales el corto viaje.
La pequeña "playa" se presentaba con una inusitada agitación, familias en corrillos alrededor de sombrillas multicolor, chicos que jugaban en la orilla emulando a los jugadores del "mejor equipo del mundo de fútbol", grupos de amigos departiendo en animadas conversaciones sobre las toallas-parcela, madres, padres, abuelos, y las mejores chicas del lugar luciendo palmito como no podría ser de otro modo.
Todo esto ocurría bajo la atenta y serena presencia del Monumento a Colón, que todos conocíamos, que todos identificábamos como tal, y que todos entendíamos como algo nuestro, pero que por lo general solía ser algo simbólico, un hecho consumado, aunque en torno a él y a la ría a la que quedaría fijado, habría una gran historia por descubrir, por lo común desconocida y poco o nada divulgada.
Era una tradición que Coca-Cola organizara sus "Concursos de Castillos de Arena", y un modo de tener manga ancha para beber todo el liquido que fueses capaz de tragar, y fue así como me apunté a uno de aquellos concursos, y al mismo tiempo que procuraba defender el pabellón de los Morales, mientras con una mano trataba de argumentar una propuesta digna, esculpiendo aquella arena gruesa, poco compacta, con la otra no dejaba de reponer botellines de Coca-Cola helada, que sabían a gloria......
