La verdad de un mundo inexistente.
De nuevo un escándalo de pedofilia salpica a la Iglesia de los Católicos. Estados Unidos, Irlanda y ahora Alemania, y tantos más que quedan por salir a la luz. Una vez más, actos contrarios a la "fe" que profesan diluyen aún más el discurso "cristiano" que proclaman.
En un panorama cada día más laico, a la pregunta de ¿porqué la sociedad se separa cada minuto un poco más de este modo de entender "la religión"?, encuentran en actuaciones como esta, en escándalos financieros, en sus oscuras vinculaciones con dictadores asesinos, en las aún no aclaradas sombras de la Logia P2 y la Banca Vaticana o simplemente ante la falta de humildad, o la ostentación de riqueza que hacen de los jerarcas Católicos, más que misioneros de la paz, miembros de la secta más refinada de occidente, la respuesta a todas ellas.

Parece claro que este negocio se va a pique y con él todos sus fantasmas. Bien es verdad que el Concilio Vaticano II con el aperturismo propiciado, tal vez de un modo ingenuo por Juan XXIII, dio lugar a la posteriormente "corregida" Teoría de la Liberación, que tanto bien hizo entre los "Cristianos de base", y que tanta esperanza esparció en la ofuscada y cruel América Latina dominada por tantos y tantos dictadores. De aquel compromiso "cristiano" surgieron movimientos llenos de solidaridad y justicia, de los que solo quedan rescoldos, una vez que la "institución" ha neutralizado el movimiento tanto en el espíritu, con diversas encíclicas que llaman a capítulo en torno a "los viejos tiempos de obediencia debida" como con la movilidad de sus líderes.
Es justo poner en cada lado de la balanza a sus actores, y si en un lado situamos a gente fiel a ese movimiento de "fe": misioneros, monjas, laicos colaboradores, sacerdotes, obispos y cardenales, que se han visto perseguidos, señalados y en muchos casos hasta asesinados. En el otro, se sitúa el poder, con la distancia que conlleva tanto en los modos como en las formas, y mucho me temo que en el fondo.
La religión que un día se adjetivara de "opio del pueblo", hoy no resiste el reclamo estéril de humildad, pobreza, solidaridad o amor que con tanta banalidad usan a diario para argumentar cualquier asunto.
¿Que clase de estructura sostiene ejemplos tan delirantes, en los que sus máximos exponentes, viven en el mayor de los desordenes, rinden culto al crimen, amedrentan, violan, y pactan con "mafias"?.
No hay quien os soporte, ni quien aguante ni consienta por un minuto más, vuestras humillaciones, deslealtades, cinismo o crueldad.
Estoy convencido de que si "dios" existiera, no estaría en vuestra casa. Habéis convertido el templo en un mercado. Juan 2, 13-22.
A.Morales * Ilustraciones tomadas de la red y cartel de la Conferencia Episcopal con añadidos.
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