La primavera da la mano a los Cristos de pasión.
Suele ocurrirme que cuando llegan estas fechas, -bien sea por percibir las primeras brisas o los aromas de la incipiente primavera, o por el conjunto de sensaciones que desata en las calles, la Semana Santa con toda su parafernalia de colores, tallas policromadas, inciensos, flores o el bullicio más popular y solidario que se produce de común acuerdo de un modo tan espontáneo como transigente- que parece que mi mundo interior, más personal y sensible, se emociona o se encuentra a más flor de piel.
Estos días y su teatral tramoya cual "Linterna Mágica", hacen que las calles y sus gentes, se agiten, y tanto los visitantes como los naturales del lugar, solidariamente compartan los instantes mágicos que marcan "los pasos" en su transito mundano.
Es cierto que se pueden confundir algunas manifestaciones, con extremismos religiosos reaccionarios, la diferencia estriba en que nos quedamos con la parte más dulce de ellas, y hacemos festiva, popular y compartida libremente tales expresiones.
Es cierto que se pueden confundir algunas manifestaciones, con extremismos religiosos reaccionarios, la diferencia estriba en que nos quedamos con la parte más dulce de ellas, y hacemos festiva, popular y compartida libremente tales expresiones.
Permítanme que me emocione.
Fotografías: A. Morales (C) 2010
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