Hotel Granada. Cap. 16

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37 escalones y 7 descansillos hacen un total de 44 peldaños




Solía ser lo habitual, acceder al amplio portal de la finca dando un gran salto, superando así un primer rellano en el que se situaba el gran portón de madera. 

Entrar de este modo, de un salto, y caer en seco ya en el interior del gran portal, terminaba en un oscuro y seco gong.


La amplitud y altura de las paredes, hacían de caja de resonancia y el suelo de diapasón.

Una vez en su interior, treinta y siete escalones y siete descansillos, me separaban de mi “casa” –así la denominaré para referirme a ella, aunque carente de propiedad o título sobre la misma como ya explicaré- .

El primer tramo de escalera y más largo, no menos de 15 escalones, solía ser el de los retos, sobre todo al salir, es decir justamente en sentido inverso a lo que ahora trato de describir.  El reto consistía en llegar al piso del portal, saltando agarrado de la baranda, sin pisar los escalones, cuantos más, mejor, así unas veces cinco, otras seis y otras en el esplendor atlético jamás conocido podía llegar hasta 9, 10 y 11 escalones. Es lo más cercano que conozco a volar sin alas.

A la altura del tercer descansillo, se situaba la casa de nuestros caseros, el médico D. Daniel García Carbonell. Una enorme puerta oscura, sólida, bien tallada, de gran porte, aderezada con bronces: llamador, mirilla, cerradura, y cartel anunciador del titulo de médico para situar así a propios y extraños. 
  
Hasta este punto el barandal de hierro, presentaba una filigrana andaluza bien diseñada y acorde con el nivel social de la finca, que se remataba con un pasamanos de madera, que terminaba en forma de garra de animal en el extremo del primer tramo.

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