La realidad diferente.
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¿Papá que es una limusina, para qué sirve y cuándo tendremos una nosotros?.
Un par de sordas detonaciones puso en alerta a toda la parroquia, un barrio dentro del barrio más pobre de todos los barrios.
Cuando hace cinco años, Luis lanzo aquella pregunta a su padre, solo tenía 7 años, hoy es un fugitivo de la justicia, es un auténtico experto en reventar coches, sabe conducir a gran velocidad, y es un artista en escurrirse de la policía.
La lista se hace interminable si lo escuchas contar su "corta" experiencia en la calle.
Luis no se hizo a si mismo, la calle lo hizo así.
Luis sueña con tener algún día una limusina.


Cuándo ves pasar una limusina y además de fantasía como ésta, caes en la cuenta de que existen o coexisten realidades diferentes, con marcadas diferencias más allá del horizonte de lo esperado, despiertas por un instante y te das cuenta de que no estás viendo una escena de una comedia para el cine, sino que esa es la realidad de otros.
Me ocurre lo mismo cuando al pasar por algunas urbanizaciones, observas unas fincas-palacio-castillo con todo lujo de detalles, ajenos a mi realidad presente, pasada y por supuesto futura.
La experimentación se vuelve pasiva, cuando lo que observo son imágenes de pateras, agricultores de temporada, semaforeros o gente con menos status.
¿Qué nos hizo diferentes?, ¿porqué esta distribución tan incomprensible?, ¿acaso todas estas señales fueron fruto exclusivo del trabajo?, ¿de donde vienen estas riquezas?.
La realidad tienen muchos escalones, yo me sitúo en la mitad aproximadamente: dejé de pasar frío, la casa ya no es un problema, tengo cubiertas mis aspiraciones de clase media trabajadora, que se siente feliz por disfrutar de un supuesto estado de bienestar en condiciones óptimas, con respecto a otros clanes más desfavorecidos, disfrutando de un poder exiguo pero al parecer moralmente justo y suficiente.
¿Existe la justicia, la equidad, la honestidad, la igualdad?
¿Qúe significados tienen todas esas palabras si nadie las oye, apenas se interpretan y casi apenas se escuchan con cierta autoridad moral?.
Hemos creado una sociedad que hace aguas por todas partes. Ni mitos, ni dioses, ni principios. La estructura se sostiene a duras penas. Los escándalos financieros y políticos sacuden día si y día también.
¿Quién puede pedir en estas condiciones que la sociedad, Luis y otros como él, se mantengan erguidos, firmes en sus propósitos, con objetivos encomiables, solidarios y humanos?.
Disculpo a Luís, como disculpo a todos los que como él, son presos de nosotros, de nuestras sociedad, de nuestros status, de nuestra moral de titulares, de nuestras calles.
Habría que dignificar esto un poco porque de lo contrario, cada vez quedará más distante la solución, y proliferarán los grupos de marginados que hacen de la calle su estado y de sus juegos, la ley de la supervivencia.
Luis, si no cae antes, verá por fin hecho su sueño realidad, paseará en limusina, y por un instante se verá reflejado en el cristal de sus ventanas, pero esta vez desde dentro, haciendo girar la rueda en el mismo sentido que lo ha venido haciendo hasta ahora sin final posible.
Fotografías: A. Morales (c) 2009