La isla de los besos perdidos.
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Para cuándo notaron que su ausencia no era casual, Orson llevaba tres días de viaje por aguas del Adriático, con una brújula que zigzagueaba, -a ratos apuntando al Norte, a ratos al Oeste-, comida para una semana y sobre todo viento de cola.
Y es que éste joven "lunático" creía que había lugares diferentes, sitios en los que recalar y mirar al mar desde otra óptica, espacios en los que se refugiaban los buenos deseos, los sueños o las promesas de amor eternas.
Con estas pertenencias, tomó rumbo hacia una isla, la que al parecer refugiaba los besos que los amantes lanzan al vacío, "la isla de los besos perdidos", de la que había oído hablar desde que era un niño, -tal vez fuese un cuento dulce, pero él creyó que era posible-, esperando encontrar en ella, los que su adorada Giselle le enviaba cuándo de jóvenes se escribían cartas de amor y que otra travesía -la de la vida- los situó en otros mundos, en otras islas.
Ni que decir tiene que Orson, además de iluso estaba totalmente loco.
Un mes después, un guardacostas Italiano, divisó a la deriva una pequeña embarcación, en ella aún quedaba comida enlatada, todo parecía en orden y no había señales de ningún accidente. También les llamó la atención una nota dirigida a sus padres: "Estoy bien. No os preocupéis. Soy feliz. La encontré. Es suficiente para mí. Os quiero. Cuidaos mucho".
*Giselle es un ballet en dos actos con música de Adolphe Adam, coreografía de Jules Perrot y Jean Coralli, basado en la obra De l'Allemagne (1835) de Heinrich Heine.
Fotografía: Dubrovnick * A. Morales (c)