Adiós.

Decir adiós cuesta, aunque al final resulte una constante despedirse.
De los que fueron amigos por algún tiempo y que ahora están en otras esferas sociales.
De los hermanos, cuyos lazos son cada vez más claros, la sangre no hace que coincidas ni tiene porqué.
De los hijos, que al crecer se piensan que eres un extraño, un despropósito o un efecto colateral.
De ti mismo, por cuantas frustraciones ya acumuladas te hacen renunciar a mil cosas.
Decir adiós cuesta, sin duda alguna cuesta, aunque al final dices "adiós" sin pensar en las consecuencias, en lo que te pierdes.
En el discurso social de las apariencias, siempre hablamos de encuentros, de buenas intenciones, pero somos expertos en decir "adiós".
Hoy te escribo para decirte..
Fotografía: A.Morales * 2009(c)