¿Sin tetas hay paraíso?.



No hay nada mejor para combatir los complejos que pasear por la playa. El tanto por ciento de personas bellas contempladas desde el canon de belleza al uso, no supera el 1%, y esto es bueno respecto del análisis que la generalidad deberíamos hacer para tratar tantos complejos: que si tengo mucho culo, poco pecho, una verruga aquí o allá, celulitis, una barriga de pena, arrugas, hombros caídos, piernas largas, brazos cortos, piel blanca, con manchas, sin manchas, en fin la lista se antoja interminable, nuestros defectos son tantos que enumerarlos sería cruel.

Es cierto, que viéndonos así, sin más artificio que nuestra simple estructura, arrastrando la genética heredada de nuestros padres, no pudiendo combatir a ese estupendo, aunque efímero 1% pleno de saludable armonía, por el que algún día pasamos, nos predispone a preguntarnos si acaso no somos algo más, aparte de gluteos, tetas y una barriguita equilibrada, y la respuesta a la pregunta de ¿sin tetas hay paraíso?, es obvia, pues claro, y eso nos iguala, nos quita complejos y restaura un poco de sentido común, nos aleja de falsas apariencias ocultas por pliegues, encajes o estampados de moda, que la publicidad consumista se empeña en inocularnos días tras día, creando despojos en busca del producto milagro, milagroso o milagréro.


Las playas nos vuelve más espontáneos, menos artificiales, es cierto que es casi imposible disimular este o aquel defectillo, cuando no carencia o prótesis, sin olvidar los años que no pasan en balde y dejan su peculiar sello, pero es por esa razón, por la que tanto gordos, delgados como muy gordos o muy delgados, altos, bajos.. todos, deberían pasear por la orilla de cualquier playa, así en ese común escaparate de ridiculez y naturalidad, podríamos observarnos como simples humanos, y tal vez de esa lucidez sacar la conclusión que en nada me parezco como en nada debo sentirme de menos, pues la mayoría la verdad somos gente normal y solo ese 1%, es capaz de hacernos volver la vista para disfrutar de los instantes con que los dioses regalan la hermosura a la especie, ya sea por horas, días o simples instantes de maravilloso equilibrio.

Es por eso que los jóvenes deben ir a las playas, pasear por ellas y entretenerse con la hermosura del homo sapiens del siglo XXI, que no necesita siempre de tetas, para sentir que la vida es un don que tiene edades y que en todas ellas reside una curva mágica y bella.

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