Comida para avispas.

A veces, la débil línea que separa la normalidad de la confusión desaparece y todo se viene abajo. Los humanos somos gente muy desprotegida, basamos nuestro equilibrio en temerosos pasos de acróbata. Viene a ser como ocurre con la temperatura de nuestro hábitat, 4, 5 o 6 grados arriba, abajo son suficientes para afectar a nuestro justo confort. Entre lluvia y tempestad solo hay un poco más de viento. Llevo pisando esa línea mucho tiempo y lo cierto es que la niebla es cada vez más densa, más incierta. Vivir sin creer prácticamente en nada ni en nadie, carecer de metas, o haber perdido la ilusión por algo objetivo, sin pensar que mi huella enturbie la situación, me devuelven a un estado vegetal carente de sentido. Ciertamente he fracasado, el carácter se volvió agrio, duro y frío, y mis sentimientos son incapaces de mostrarse con la desnudez necesaria. El cascarón de protección se hizo tan grande y espeso que ahora apenas puedo ver que ocurre con relativa diáfana frescura, en cambio todas las actitudes, todas las decisiones, incluso la fortaleza del cascarón en su momento fueron necesarias. Hoy la línea que separa lo cierto de lo abstracto no existe, y los conceptos bailan a su antojo. La luz del faro no lucirá esta noche.


Fotografía de A.Morales (c) 2009