Líderes.
La historia no lo exime de un pasado con luces y sombras, aún así Sir Winston Leonard Spencer Churchill forma parte de la historia moderna de Europa.
Uno de los principales oradores del siglo XX, además de estadista, historiador y escritor (recibió el Premio Nóbel de Literatura en 1953). Este británico dejó su impronta sobre todo, por su papel cohesionador durante la II Guerra Mundial, papel que jugó como Primer Lord del Almirantazgo. Su hábil discurso hacía que soldados y civiles, vieran en él un líder en el que confiar.
Las alocuciones de Churchill fueron una fuente de inspiración para el pueblo británico.
Su primer discurso como primer ministro incluyó la célebre frase "No tengo nada que ofrecerles que no sea sangre, sudor, lágrimas y esfuerzo". Aquel ejercicio de franqueza actuó como detonante.
Churchill logró levantar la moral del ejército y el pueblo, debido a su gran carisma y su enorme habilidad como político. Consiguió que los británicos lucharan sin dar "un preciado palmo de su tierra". La rendición para él, era algo que nunca aceptaría, pese a las derrotas sufridas en la primera fase de la guerra y los bombardeos sobre Londres durante dos meses.
Churchill era considerado tras la Segunda Guerra Mundial un gigante político, pero a pesar de su popularidad no contaba con la fidelidad incondicional del electorado británico y nada más acabar esta, fue derrotado por Clement Attlee, candidato del Partido Laborista, en las elecciones de 1945. Algunos historiadores opinan que los británicos creían que aquel que los había guiado con éxito en la guerra, no era el mejor hombre para liderarlos en la paz.
Muchos creen que Zapatero no es el líder de la España de la crisis, que no será capaz de conciliar su pertinaz sonrisa con los graves problemas que se avecinan, que ya están aquí y que necesitan de soluciones o de la efectividad de un mensaje sin demagogia. Que su papel está más en repartir la riqueza que en crear el tejido productivo que la genera.
Su oponente Rajoy tampoco cuadra en el papel. Ni su equipo de encorbatados burócratas, que no tienen pudor alguno, en repetir hasta la saciedad que “ellos si tienen la solución”, ¿y a qué esperáis majetes? Lo vuestro suena a promesas de fidelidad para “toda la vida” y ya conocemos el paño, esa demagogia forma parte de vuestro fracaso.
En este casting nos hemos quedado sin actores que valgan. Los barones de los grandes partidos se han hecho fuertes y blindaron las ejecutivas, (estos clanes, simplemente han maquillado al personal mientras que las ideas siguen siendo las que había, nada nuevo, nada sólido, y de la ideología mejor no hablemos, las siglas son simples “marcas comerciales”), no han rejuvenecido lo suficiente las alternativas y ahora se ven así, sin nada que poner encima de la mesa, el PSOE está tocado y el PP hundido.
No obstante, que no crea Zapatero que la ausencia de lideres o de otras alternativas, le hace ser más líder, que no caiga en la trampa de Manolo Chávez, en su petulancia absurda y gratuita, él, el político más gris y anti-líder que conozco, que ha llegado a creerse su propio papel y que incluso teme dejar de actuar como tal ¿a que temerá?. No te equivoques Manolo, lo que ocurre es que no hay más leña que la que arde, y tú estabas ahí, suerte la tuya, nada más. Estoy esperando a que te vayas para ver que opinan los que hoy te hacen corro y callan. Me limitaré a observar, tengo simplemente curiosidad.
Zapatero si quiere liderar este momento, debe transformarse a si mismo, superar su propia imagen, y la que el partido le impone, implicarse y ser capaz de decir si es necesario que "No tiene nada que ofrecer más que sudor, lágrimas y esfuerzo”, esto humanizaría la crisis, la veríamos frente a frente, y podría ser el comienzo de un análisis donde todos pongamos algo. Lamentablemente me van a permitir decirles que no creo que sea capaz, dar su brazo a torcer, y aceptar la gravedad de la situación y la ausencia de soluciones va contra su espíritu falsamente positivista, sin olvidar como ya hemos visto que aferrarse al poder es también otra prioridad en su carácter y en su programa.
Hoy por hoy, no hay semejanza posible entre Churchill y Zapatero.

