Hotel Granada. -1-

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TAILOR SHOP

Desde que soy consciente, me persigue el estigma de haber sido diferente, de haber estado en un ambiente diferente, de haber compartido una vida social con gente diferente, de poseer diferente capacidad económica o estabilidad emocional. De vivir de algún modo dos vidas, la mía por derecho propio y la otra, la de las circunstancias o de las casualidades.


Esta narración pretende ser un encuentro hacia aquel niño que ajeno a todas estas vicisitudes, modificó y desdibujó su infantil mundo para adentrarse en una espiral de incógnitas, dudas y sombras, que solo el tiempo ha ido sacando a la luz, unas con dolor, otras con olvido, mientras otras aun perduran a la vez que dibuja el mundo descubierto luminoso al final del tunel que nunca logra alcanzar.
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Huelva, posiblemente durante la primavera de 1966.

Tuvo que ser una casualidad, lo cierto es que no tengo la menor idea de cómo termine haciéndome amigo de los Vidarte y convertir al Hotel Granada en mi segunda casa.
Mi pequeño mundo se desenvolvía entre las calles Méndez Núñez, Puerto, Plus Ultra, Concepción y Mora Claros o Botica, la calle donde yo vivía, y en la que se situaban la farmacia de los Figueroa, una peluquería de señoras, una barbería, el afamado Bar Alpresa conocido por sus peleas de Gallos con ambiente taurino, la ferretería Mascarós y en la esquina más al sur, el Palacio del que fuera Alcalde de Huelva en 1920, D. Antonio Mora y Claros, y como no la sastrería de mi padre.