En el templo de Zeus de Olimpia.



Nunca seré un explorador o un viajero de aquellos que combinaban aventuras y peligros con la búsqueda de restos de otros mundos perdidos. Aun así, puedes tener por instantes, sentimientos similares a los que estos hombres/mujeres vivieron.


Fue para mi un honor, poder estar sentado en los basamentos del Templo de Zeus de Olimpia, justo al final de la cara izquierda, es decir a escasos 5 metros de donde estuvo alguna vez la colosal estatua del dios Zeus.

La historia nos cuenta que para la fabulosa estatua se busco al más famoso de todos los escultores de la antigua Grecia: Fidias.( Φειδίας, en griego antiguo ), y que comenzó a trabajar en ella alrededor del año 440 a.C.

Tanto Estrabón como Pausanias, escribieron que Zeus aparecía sentado en un trono con el torso desnudo y el manto en torno a las piernas, llevaba la cabeza coronada de olivo y la mirada, dirigida hacia abajo le confería aspecto paternal. En la mano izquierda sostenía una Niké y en la derecha el cetro rematado por un águila; el manto estaba adornado de lirios y las sandalias eran de oro. El trono era en sí mismo una obra de arte, hecho a base de marfil, ébano, oro y piedras preciosas; el respaldo, los brazos, las patas y los travesaños entre ellas iban labrados y decorados con relieves y que daba la sensación de que el techo se rompería si al dios se le ocurría levantarse, pues la estatua casi rozaba el techo del templo.

Durante mucho tiempo se le consideró una de las siete maravillas del mundo conocido de la Antigüedad. El conjunto va a perdurar durante unos mil años, hasta que los terremotos que se producirán en el siglo VI d. de C. destruyan el templo en su mayor parte, finalmente la estatua es trasladada a Constantinopla donde se le pierde la pista o termina siendo destruida tras un incendio (?).